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Toppers: Todo lo que necesitas saber

Al igual que en un colchón, el factor principal que determina la longevidad de un topper de 140 es la calidad de sus materiales y su fabricación. Por ejemplo, un sobrecolchón fabricado con espuma viscoelástica de baja densidad será poco resistente y empezará a desgastarse o deformarse en pocos meses. Sin embargo, un topper de alta calidad puede durar varios años sin perder sus prestaciones.

Los sobrecolchones de mayor grosor tienen una vida útil más larga, son más resistentes y pueden soportar mejor el peso. Actualmente, en el mercado los grosores de los toppers pueden varían entre 4 y 7 centímetros. Los toppers de pocos centímetros generalmente han de cambiarse antes de los dos años, debido a su desgaste. Por el contrario, un sobrecolchón de 7 centímetros puede durar hasta 5 años con un buen cuidado.

Muchas personas acuden a estas cubiertas de espuma viscoelástica, látex u Oxicell como solución para renovar por completo un colchón viejo, algo que supone un grave error. Aunque un topper puede hacer que un colchón sea más cómodo, no será de ayuda si el colchón se encuentra en malas condiciones. Y es que, si el colchón está hundido o ligeramente deformado, un topper también se hundirá adaptándose a dicha deformación. En estos casos, resulta conveniente invertir el dinero en un colchón nuevo.

Comprar un sobrecolchón resulta útil cuando el colchón es demasiado blando, demasiado firme o demasiado caliente. De ninguna forma se recomienda comprar un topper para compensar el desgaste de un colchón.

Cada modelo distinto de topper ofrece unas prestaciones específicas a nuestro descanso, dependiendo directamente de su composición y sus materiales, así como de su grosor y acabados. Un topper puede convertirse en nuestro mejor aliado de descanso, ya que puede mejorar algunas características de nuestro colchón, transformando su adaptabilidad y firmeza.

Existe una gran variedad de materiales en la fabricación de sobrecolchones, no obstante, los más comunes y demandados son los de viscoelástica, látex y las espumas transpirables de materiales como el Oxicell. Del mismo modo que en la elección de un colchón, el criterio para elegir un topper es muy personal y dependerá de las preferencias de descanso de cada persona.

Un ejemplo de la función de un sobrecolchón es su utilidad en colchones cuya excesiva firmeza pueden mermar el confort a la hora de dormir. En este caso, un topper de 140 puede disminuir los puntos de presión y evitar algunas incomodidades que pueda ocasionar el colchón sobre el que descansamos.

¡Por supuesto! Igual que otros toppers de dimensiones variables, los sobrecolchones de 200 centímetros han de ser protegidos. Y las razones tienen que ver con cuestiones sanitarias, de higiene y del propio cuidado del topper.

Tal y como sucede con los colchones y las almohadas, los sobrecolchones pueden acumular suciedad en forma de polvo, cabellos humanos o líquidos. Factores todos ellos que pueden producir la aparición de sustancias nocivas para nuestra salud como ácaros, moho y bacterias.  Gracias a la cuidada protección que proporciona la sábana bajera, podremos prevenir la aparición de estas sustancias, alargando así la vida útil del topper de 200.